Estudiantes de bachilleratoy formación profesional, llegan a las fiestas patronales de Burela en un momento crucial de su vida estudiantil, justo en la etapa final del curso, sin que apenas les dé tiempo para percatarse de lo que está sucediendo, centenares de chicos y chicas, se topan de golpe y porrazo con los primeros preparativos de las fiestas.
Que si un chiringuito por aquí, que si están instalando el alumbrado, que si llegan las primeras atracciones de la feria... En fin, que son demasiadas tentaciones para poder o, siquiera, intentar ignorarlas.
Y claro, ni el más gélido de los chavales logra desinhibirse del trajín que provocan las fiestas, tanto antes, como durante las mismas.
Es entonces cuando las cabezas de los jóvenes elucubran acerca de la madre de todas las tribulaciones, a ver quien es capaz de permanecer en casa estudiando para los exámenes con el jolgorio que hay en la calle.

Lo cierto es que no resulta sencillo tomar por uno u otro camino, más cuando a unos pocos metros de la residencia de los estudiantes el gentío disfruta de una indescriptible vorágine de sonidos, luces, caras, cosas, atracciones y situaciones que, lo dicho, <<calientan>> al más templado de los jóvenes estudiantes, dejando de lado otras cuestiones.
Casi con seguridad, todos los estudiantes intentarán compaginar el tiempo para, sin perderse el jolgorio festivo, no descuidar las asignaturas "hueso". Pero no todos los que acuden a clase en los dos centros citados residen en Burela, también los hay de localidades próximas.Seguramente ellos también se sumarán a los actos festivos que comenzarán a principios de junio.
Una de las más viejas y significativas señales de identidad de la cultura de los gallegos son, sin duda sus fiestas populares, celebradas desde hace muchos años bajo la protección de la divinidad, a la que se quiere llegar mediante la intercesión de un Santo o de la misma madre de Dios.
Tuvieron, tienen y tendrán tres grandes objetivos: el reencuentro, el descanso y la diversión.
Las fiestas patronales son para todos, momentos de diversión, la excusa perfecta para reunir a nuestros familiares, prácticamente la puerta al verano, el último paso antes de las vacaciones para unos, el último paso antes del comienzo del trabajo para otros.
Para una determinada gente las fiestas se han convertido en una especie de rivalidad con los pueblos vecinos dándole, quizás, más importancia a las actuaciones que a ellas se traigan, al número de atracciones o variedad de actos que ese año vengan o se realicen, que a la propia esencia de las fiestas, que no es otra que la de divertirse, disfrutar con los nuestros, independientemente de otras circunstancias y sobre todo, el motivo principal por el que unas fiestas que en teoría tendrían que celebrarse en la segunda semana de julio, como tantos pueblos marineros, lo hacen la primera de junio, el motivo principal, que es el de permitir que nuestros marineros disfruten y disfrutemos con ellos de todos estos festejos.
Seguro que la mayoría de los bureleses tienen o han tenido un amigo, un padre, un marido, un hijo o un hermano que en poco tiempo tendrá que dejar su casa y su familia durante cinco meses para ir en busca de su beneficio, el de los suyos y en definitiva el de todos nosotros y a la vez, con ello seguir manteniendo la tradición marinera de Burela, identidad del pueblo.
En un nuevo siglo, cuando cibernética y futuro son aliadas del progreso, Burela palpita de nuevo al son de los ritmos festivos de sus fiestas patronales. Mientras calles y plazas vibran con latidos estivales, los bureleses no olvidan que han medrado al amparo de marineros y campesinos. Pesca y agricultura han sido fuentes de riqueza en una población cuya historia se remonta en los albores del tiempo, cuando celtas y tartesos recalaron en sus costas. Sin prescindir de su pasado, las gentes de burela miran seguras hacia el futuro, mágica expresión, símbolo de bienestar y progreso.
Toda Burela está engalanada para conmemorar las fiestas en honor a su patrona,

La imagen religiosa se venera durante dos días en el puerto
Pero hay más detalles que hacen diferentes a las fiestas del Carmen de Burela. Por ejemplo, la imagen religiosa permanece expuesta durante el resto del año en la iglesia parroquial del pueblo. Pero el sábado, el día antes de la procesión marítima, la figura de
El domingo es el día grande, el de
Casi nadie lo duda: hoy por hoy, las fiestas podrían perder "sal" si durante las noches no hubiese bares, pubs o discotecas para tomarse una copa y charlar amistosamente con atronadores o tranquilos sones como fondo musical. En ese aspecto, Burela, lo tiene casi todo.
Hay quienes afirman con increíble seguridad y rotundidad que la noche es joven. Otros apostillan que no sólo de los jóvenes. Y ni unos ni otros se equivocan demasiado: a la hora de la juerga la noche es joven, pero el jolgorio no es exclusivo de los chicos y chicas.
Así, tanto los más jóvenes como los que no lo son tanto acostumbran a tomarse alguna que otra copa cuando surge. En Burela, durante las fiestas que comenzarán la semana que viene, la oferta de locales nocturnos es variopinta y, sin temor a equivocarse, tanto los quinceañeros como los cuarentones podrán encontrar un local donde sentirse lo suficientemente cómodos.
Porque, se quiera o no, lo cierto es que deambular de noche por las calles de la villa equivale a, más tarde o más temprano, penetrar en alguno de los establecimientos. Ya dentro, con el ánimo propio de las jornadas festivas, el cliente tiene multitud de opciones para pasar el rato.

El adiós a los marineros que zarparán en busca de los <<príncipes azules>>
No es casualidad que las fiestas del Carmen de Burela se celebren más de un mes antes de la jornada que el calendario fija como festividad de
Porque cuando concluyan los festejos de la patrona de los marineros, centenares de bureleses dirán adiós a sus familias y a sus hogares. Durante veinte o treinta días dependiendo de la duración de las mareas, buscarán y capturarán los primeros bancos de <<príncipes azules>> de la próxima pesquería.


Baluarte de conexión con la tradición burelesa, la feria del bonito se convierte en verano en un símbolo de la riqueza gastronómica que impera en la comunidad, Se enclava así, desde 1982, dentro del atractivo festivo de Burela. La tarea, que este año requiere tres mil kilos de bonito, continúa siendo uno de los empeños anuales de
El evento está respaldado oficialmente por el Ayuntamiento de Burela,
Pronto se acercará a diez años al frente de Ledicia. No obstante, Rocío Rivera es consciente de su papel: <<Creo que es simbólico. Prefiero definir a la directiva como un grupo de gente, ocho ideas que llevan a un punto, no a puntos distintos; tienen que converger. La figura del presidente sirve, eso sí, de representante, pero en determinados momentos. Yo soy simplemente una más de la directiva que trabaja contenta y unida>>.